2 de febrero de 2009

COLEGIO

Debe ir el artista a la universidad?


















Bête comme un peintre [Bruto como un pintor]

Este proverbio francés se remonta al menos al tiempo de la vida de Bohemia de Murger, alrededor de 1880, y se sigue empleando como chiste en las discusiones.

¿Por qué el artista debería ser considerado como menos inteligente que otra persona cualquiera?

¿Será porque su habilidad técnica es esencialmente manual y no guarda una relación inmediata con el intelecto?

Sea lo que sea, se supone generalmente que el pintor no necesita una educación particular para llegar a ser un gran Artista.

Pero esas consideraciones hoy en día han perdido vigor, las relaciones entre el Artista y la sociedad han cambiado desde el dia en que, a finales del siglo pasado, el Artista afirmó su libertad.

En lugar de ser un artesano empleado por un monarca, o por la Iglesia, el artista de hoy pinta libremente, y ya no está más al servicio de los mecenas a quienes, por el contrario, impone su propia estética.

En otras palabras, el Artista se halla hoy completamente Integrado a la sociedad.

Emancipado desde hace más de un siglo, el Artista de hoy se presenta como un hombre libre, dotado de las mismas prerrogativas que el ciudadano común y habla de igual a igual con el comprador de sus obras.

Naturalmente, esta liberación del Artista tiene como contraparte algunas de las responsabilidades que podía ignorar cuando no era más que un paria o un ser intelectualmente inferior.

Entre estas responsabilidades, una de las más importantes es la EDUCACIÓN del intelecto, aunque, profesionalmente, el intelecto no sea la base de la formación del genio artístico.

Muy evidentemente la profesión de Artista ha ocupado su lugar en la actual sociedad a un nivel comparable al de las profesiones “liberales”. Ya no es, como antes, una especie de artesanado superior.

Para mantenerse a ese nivel y para sentirse igual a los abogados, los médicos, etc., el Artista ha de recibir la misma formación universitaria.

Es más, el Artista desempeña en la sociedad moderna un papel mucho más importante que el de un artesano o un bufón.

Se encuentra enfrentado con un mundo basado en un materialismo brutal donde todo se valora en función del BIENESTAR MATERIAL y donde la religión, tras haber perdido mucho terreno, ya no es la gran dispensadora de valores espirituales.

Hoy el Artista es una curiosa reserva de valores paraespirituales en oposición absoluta con el FUNCIONALlSMO cotidiano por el cual la ciencia recibe el homenaje de una ciega admiración. Digo ciega, pues no creo en la importancia suprema de esas soluciones científicas que ni rozan siquiera los problemas personales del ser humano.

Por ejemplo, los viajes interplanetarios parecen ser uno de los primerísimos pasos hacia el autodenominado ”progreso científico” y, sin embargo, en último análisis, sólo se trata de un ensanchamiento del territorio puesto a disposición del hombre. No puedo evitar considerar eso como una simple variante del MATERIALISMO actual que arrastra al Individuo alejándolo cada vez más de la búsqueda de su yo interno.

Lo que nos lleva a la importante preocupación del Artista de hoy que consiste, a mi juicio, en informarse y estar al corriente del llamado “PROGRESO MATERIAL COTIDIANO”.

Dotado de una formación universitaria como lastre, el Artista no tiene que temer que le asalten complejos en sus relaciones con sus contemporáneos. Gracias a esta educación, poseerá los instrumentos adecuados para oponerse a ese estado de cosas materialista a través del canal del culto del yo en un marco de valores espirituales.

Para ilustrar la situación del Artista en el mundo económico contemporáneo, observaremos que cualquier trabajo ordinario está remunerado más o menos según el número de horas dedicadas a realizarlo, mientras que en el caso de una pintura el tiempo dedicado a su ejecución no entra en los cálculos cuando se trata de fijar su precio, y cuando este precio varía según la notoriedad de cada artista.

Los valores espirituales o internos antes mencionados y cuyo dispensador por así decirlo es el Artista, sólo atañen al individuo tomado por separado, en contraste con los valores generales que se aplican al individuo parte de la sociedad.

Y bajo la apariencia, ganas tengo de decir bajo el disfraz, de un miembro de la raza humana, el individuo vive de hecho en total soledad y unicidad, y las caracteristicas comunes a todos los individuos tomados en masa no tienen ninguna relación con la explosión solitaria de un individuo entregado a sí mismo.

Max Stirner, en el siglo pasado, estableció muy claramente esa distinción en su obra notable Der Einzige und Sein Eigentum (El único y su propiedad), y si gran parte de la educación se aplica al desarrollo de esas características generales, otra parte, igualmente importante, de la formación universitaria desarrolla las facultades más profundas del individuo, el autoanálisis y el conocimiento de nuestra herencia espiritual.

Tales son las cualidades importantes que el Artista adquiere en la Universidad y que le permiten mantener vivas las grandes tradiciones espirituales con las que la misma religión parece haber perdido contacto.

Creo que hoy más que nunca el Artista tiene encomendada esta misión parareligiosa: mantener encendida la llama de una visión interior que parece disponer de la obra de arte como de su traducción más fiel para el profano.

Damos por sentado que para cumplir esa misión se requiere el más alto grado de educación.
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Texto de una alocución (en inglés) pronunciada por Marcel Duchamp a raíz de un coloquio organizado en Hofstra el 13 de mayo de 1960.

Adaptación: mauricio cruz
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* Colegio:
Nota:
La necesidad de una 'actualización' comentada resulta evidente.













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